martes, 27 de junio de 2017

Por ayudar a un refugiado del que se enamoró una mujer francesa enfrenta 10 años de cárcel

La de Béatrice Huret es una historia de amor imposible en uno de los lugares más improbables y que puede tener además un final muy poco feliz. Esta francesa de 45 años, antigua militante del ultraderechista Frente Nacional, se enamoró de
Mokhtar, un profesor iraní de 36 años que huía de su país, cuando este recaló en el improvisado campo de migrantes de Calais, en la costa norte de Francia. El sueño de Mokhtar, como el de prácticamente todos los que acaban en esta zona, la más próxima a la costa británica, era cruzar el canal de la Mancha para llegar a Reino Unido. Hace ahora un año, Béatrice, profundamente enamorada, lo ayudó a cumplir su objetivo, una historia que ha relatado en un libro, Calais, mon amour (Calais, mi amor). Este martes, afronta el primer día de un juicio por haber organizado “el paso de extranjeros a Reino Unido” a través de una “banda organizada” que podría llevarla a pasar hasta diez años en la cárcel.
“El único propósito de mi vida es él (Mokhtar). Estoy dispuesta a dar mi vida por él”, declaró al llegar al tribunal correccional de Boulogne-sur-Mer, según la agencia France Presse.
Porque lo de Béatrice fue un amor a primera vista. Algo para lo que no estaba sin embargo preparada. Durante años, la vida de Béatrice transcurrió por derroteros completamente distintos. Casada durante 20 años con un agente de fronteras simpatizante de la extrema derecha, esta profesora adjunta y madre de un adolescente se hizo militante, como su marido, del Frente Nacional en 1995. “Nada raro para los habitantes de Nord-Pas-de-Calais, que no son verdaderamente racistas pero se inquietan por todos esos extranjeros, tan distintos, que llenan Francia”, cuenta en sus memorias. En 2008 llegó a figurar en las listas del partido de Marine Le Pen para las elecciones municipales de Boulogne-sur-Mer. Pero cuando su marido murió, en 2010, su vida cambió radicalmente. Al mezclarse con otras personas y hacer nuevas amistades, entre otras a través de un trabajo como voluntaria de recogida de alimentos, empezó a desligarse de las ideas de su marido “a priori racistas y a favor de soluciones radicales”, recuerda Le Figaro.

MÁS INFORMACIÓN

  • Los calcetines con mensaje de Justin Trudeau
  • Un millonario paga 600.000 euros por una plaza de garaje en Hong Kong
  • En Egipto, a la cárcel hasta por “copiar” en los exámenes
Una tarde de febrero de 2015, recogió en la carretera a un joven sudanés que le pidió que le llevara “a la Jungla”, el campo de migrantes de Calais por el que llegaron a pasar, hasta su desmantelamiento, a finales del año pasado, hasta 10.000 personas. Béatrice nunca había estado allí. Lo que vio la consternó —“fue un shock”, ha asegurado— y decidió implicarse en la ayuda a los migrantes. Allí estaba cuando, en marzo de 2016, nueve iraníes del campamento se cosieron la boca ante las cámaras para denunciar la falta de respeto a los derechos humanos en la “jungla de Calais”. Entre ellos estaba Mokhtar. “Me fijé en su mirada y fue un flechazo”, ha explicado Béatrice en numerosas entrevistas.
Unas semanas después de ese primer encuentro, la mujer acogió a Mokhtar y a otro iraní en su casa, que comparte con su madre y su hijo de 19 años. Béatrice y Mokhtar se enamoran, pero el iraní solo sueña con llegar a Inglaterra. La francesa decide ayudarlo y, con ayuda de otras tres personas —hoy también procesadas— compra una zodiac y organiza la travesía de Mokhtar y otros dos iraníes, en junio de 2016. Un año más tarde, Mokhtar, que ha mantenido la relación con Béatrice pese a la distancia y las dificultades idiomáticas, disfruta de un permiso de residencia temporal y un permiso de trabajo por cinco años en Sheffield. Béatrice afronta mientras tanto con resignación su juicio.
“Sé lo que hice. Lo asumo”, asegura ahora Béatrice. Solo reconoce una inquietud: “Lo único que me molestaría es no poder ver a Mokhtar si estoy en prisión”.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario