viernes, 3 de marzo de 2017

Le diagnosticaron diabetes a su hijo y no les creyeron a los médicos por su religión: fueron sentenciados por homicidio

Los padres negaron, por cuestiones religiosas, el diagnóstico profesional. Decían que querían separarlos de su hijo. Finalmente, murió en las peores condiciones Alexandru
Radita tenía tres años cuando ingresó de urgencia a un hospital de British Columbia, Canadá, en diciembre de 2000. Su madre estaba con él cuando su fiebre comenzó a aumentar de manera alarmante, sus vómitos se repetían y un fuerte dolor abdominal doblaba al pequeño.
Horas después y tras realizarle diversos estudios, los médicos que atendieron a Alexandru le diganosticaron de forma clara diabetes tipo 1. En ese mismo momento, los profesionales hablaron con la mujer para explicarle los pasos a seguir: cuándo hacerse los test, cuándo inyectarle insulina y el régimen alimenticio que debía seguir.
Pero Rodica y Emil, los padres del pequeño, no quisieron hacer caso al diagnóstico y decidieron continuar con su vida como si nada hubiera ocurrido. Diez años después, el 7 de mayo de 2013, Alexandru moriría. Al momento del deceso, pesaba sólo 16 kilogramos, pese a tener casi 15 años.
La paramédica que lo vio en su lecho cuando ya estaba muerto describió una escena macabra en la vivienda de Calgary, AlbertaEstaba tan demacrado que parecía "momificado". Su rostro no tenía casi piel y se podían ver sus huesos.
"Tenía llagas negras y necróticas en la cara y la mandíbula izquierda tenía llagas abiertas tan profundas que podía ver el hueso de su mandíbula. No quedaba nada de su estómago porque estaba extraordinariamente flaco. Ella estimó que su cintura era de aproximadamente tres pulgadas. Estaba vestido con un pañal y una camiseta. Tenía los ojos abiertos. No estaba respirando", según consta en la causa que se lleva adelante por homicidio en primer grado.

La autopsia fue concluyente. Alexandru murió como consecuencia de una septicemia bacterial, seguida de desnutrición y negligencia. En las primeras semanas de 2014, Emil y Rodica fueron detenidos por las autoridades. La semana pasada, ambos fueron sentenciados a una condena de por vida por ser hallados culpables del crimen de su propio hijo.
"Los Radita estaban advertidos de las consecuencias de la enfermedad de Alex y aun así se negaron a tratar su condición médica con insulina y cuidados médicos. Sabían que estaba muriendo", indicó la jueza Karen Horner, presidente de la Corte de Alberta, que fijó la pena máxima a los responsables.
Durante años, intencionalmente, los Radita impidieron que su hijo saliera de su hogar. Lo aislaron. Lograron que recibiera educación en su casa para que nadie viera el deterioro. "Sus músculos habían desaparecido. Su cuerpo estaba cubierto de dolorosas úlceras. El dolor a veces debe haber sido insoportable. No podía usar el baño. La única evidencia de su ingesta de alimentos fue comida para bebés", añadió.
Uno de los sobrinos de los Radita debió atestiguar ante la corte. Señaló que la familia no creía en los médicos por su religión: Iglesia Apostólica Rumana. Sin embargo, pese a que se enseña que la curación espiritual es la más apropiada, no constituye doctrina alguna En una de sus cartas, Emil Radita señalaba que los médicos le diagnosticaron de forma errónea diabetes a su hijo porque estaban "en su contra". "Creemos en Dios y en su poder de sanación, pero también sabemos que Dios es el Único que organiza todo en la Tierra, y los doctores están en su plan, también". Esa misiva había sido escrita en 2004 y en ella había dicho que debió enfrentar a una corte porque una asistente social quería quedarse con uno de sus hijos. Fue luego de que en 2003 Alex fuera ingresado nuevamente a una guardia de urgencia con un cuadro de hipoglucemia.
A partir de ese momento, Alex fue llevado a un centro de asistencia a los diabéticos y apartado temporariamente de su familia. Tiempo después, un juez los reunió nuevamente. Supuestamente, los Radita habían "aceptado el diagnóstico de diabetes", según la sentencia firmada por el juez J.G. Cohen. En enero de 2005, volvió a estar bajo el cuidado de sus padres. Fue su sentencia.
Al principio las cosas anduvieron bien. Pero a partir de 2008, concurrían a las evaluaciones con los médicos, pero se negaban a seguir las recomendaciones respecto a las dosis de insulina que debían suministrar a su hijo. El deterioro fue incrementándose hasta que en mayo de 2013 murió.
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