miércoles, 8 de febrero de 2017

¿Qué pasaría dentro y fuera de EEUU si el dólar pierde fuerza?

 ¿Cuáles serían las implicaciones de un "dólar débil", o menos fuerte, en la era Trump?
En los últimos 25 años la política del país ha sido mantener un dólar fuerte a escala mundial, pero Donald Trump ha sugerido   que es "demasiado".Donald Trump se ha quejado, desde tiempos de la campaña electoral, de que China, por ejemplo, ha hecho bajar el valor su moneda artificialmente para hacer más
competitivas sus exportaciones –que inundan los mercados globales– y hacer más caros en su territorio los productos de otros países. Ahora, hay señales que sugieren que el nuevo presidente de Estados Unidos podría inclinarse por reducir el valor del dólar, y Trump incluso dijo al periódico The Wall Street Journal que el dólar es “demasiado fuerte” en relación a China y que por ello las compañías estadounidenses no pueden competir en ese país.
¿Buscará Trump, así, reducir el valor del dólar en comparación con otras monedas? No es claro si lo hará, ni cómo podría –sobre todo en un contexto de libre fluctuación de los tipos de cambio en función de los mercados–, ni tampoco cuál sería el saldo de los potenciales efectos benéficos y nocivos de una determinación de esa naturaleza.Por al menos los últimos 25 años, la política de EEUU es mantener un dólar fuerte a escala internacional. (Reuters)
En principio, contar con un dólar fuerte ha sido una política central de Estados Unidos por, al menos, los últimos 25 años. Una moneda de alto valor contribuye a que en el país respectivo la inflación se mantenga baja y los consumidores gocen de mayor poder adquisitivo, lo que les permite comprar más productos, sobre todo si éstos se ofrecen a precios bajos (como es el caso de los que provienen de países con monedas comparativamente más débiles).
Además, una moneda fuerte atrae capital foráneo, que se refugia en ella como forma de seguridad y atrae la inversión extranjera a sus mercados y bienes por la misma razón.
Y una nación con una moneda valiosa es, también, una fuente de poder e influencia a escala global.
¿Por qué entonces Trump, por lo que se ha comentado, cree que el dólar es “demasiado fuerte”? Ciertamente, como en el caso de China, un dólar muy fuerte reduce la capacidad estadounidense de vender sus exportaciones allí, y ese sería también en cierta medida el caso de la Unión Europea (personajes del entorno de Trump han sugerido también que consideran al euro infravaluado).
En ese sentido, reducir el valor del dólar ampliaría potencialmente los mercados en el extranjero para sus productos y eso podría incentivar a la industria local, generando, al menos en la teoría, mayor producción y empleo local en la fabricación de esos insumos. También podría incentivar el consumo de productos locales al resultar sus de precios más competitivos que los importados, y con eso fortalecer también la industria local.

Donald Trump ha sugerido que el dólar es “demasiado fuerte”, lo que implica un freno a las exportaciones de EEUU hacia algunos países, en especial a China. (Bloomberg)

Además, países que tienen considerables valores y reservas en dólares (como China) se verían afectados si el valor de esa moneda cae y lo mismo podría sucederles a los tenedores extranjeros de deuda estadounidense, que acabaría valiendo menos con un dólar más débil o una inflación acelerada.
Pero, en contrapartida, si la inflación se incrementa a causa de una baja del valor del dólar, la población estadounidense podría verse afectada por alzas continuas de precios –un fenómeno que ha agobiado a muchas otras naciones– y los consumidores, y sobre todo los trabajadores a los que Trump ha prometido defender, podrían ver reducido su poder adquisitivo y su nivel de vida. Desde 1991, por ejemplo, la inflación promedio en Estados Unidos no ha superado el 4% (de acuerdo al portal Worldwide Inflation Data).
Con todo, como se comenta en The New York Times, varias de las propuestas o afirmaciones económicas de Trump no coinciden con el escenario de un dólar menos fuerte. Por ejemplo, se menciona que si se cumplen sus promesas de reducir impuestos e impulsar el desarrollo de infraestructura, eso haría subir las tasas de interés, lo que atraería más inversión extranjera y con ello el dólar se fortalecería aún más.
México y el valor del dólar
Del mismo modo, si se aplicase el mentado 20% de impuesto a los productos procedentes de México, esa medida también fortalecería el dólar y mermaría aún más al peso mexicano, lo que mantendría bajo el precio de los productos provenientes de ese país y elevaría el de los bienes estadounidenses en el mercado mexicano. La retórica de Trump contra México y la mención de que la Casa Blanca se dispone a renegociar o repudiar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte ha hecho caer severamente, a mínimos históricos, al peso mexicano ante el dólar.
Además, el peso mexicano está fuertemente atado al dólar y por ello, al menos en el caso de la relación entre ambos países, si la moneda estadounidense cae el valor de la moneda mexicana, y la economía de México en general, podrían sufrir. Un dólar débil no se traduce necesariamente o en automático en un fortalecimiento del peso. Por el contrario, el peso nada en un singular equilibrio y tanto un dólar fuerte como un dólar débil pueden impactar negativamente su valor en función de las circunstancias.

El peso mexicano ha caído a niveles históricos en fechas recientes, en parte por la incertidumbre provocada por el triunfo electoral de Donald Trump. (Reuters)

Por ejemplo, un dólar más débil afectaría el valor de las remesas, que en ingentes cantidades fluyen de Estados Unidos a México y son la base del sustento de millones de familias. Un dólar débil reduciría el valor de las reservas de divisas de México y ante una posible merma de las exportaciones mexicanas (que se harían más caras para los estadounidenses con un dólar débil), las empresas que operan en México perderían mercados, ingresos y empleos, lo que golpearía también al peso. Si en consecuencia en México se incrementa el ya de por sí alto nivel de pobreza y se restringen aún más las oportunidades para sus habitantes, la motivación para migrar hacia Estados Unidos también podría crecer.
El panorama por venir
En todo caso, no hay claridad sobre lo que el gobierno de Estados Unidos podría hacer en caso de que, en efecto, buscase depreciar el dólar o, visto desde el otro lado, apreciar ciertas monedas extranjeras para con ello tratar de alterar la balanza comercial entre ambos países. E incluso hay quien podría entender el comentario de Trump de un dólar “demasiado fuerte” como una mera provocación para medir las aguas o, también, como una apreciación subjetiva dirigida a China, una forma elíptica de quejarse de que el yuan chino es “demasiado débil”.
Lo que ya ha sucedido es, con todo, fluctuaciones reales del valor del dólar como respuesta a Trump. Como se comenta en Market Watch, el dólar ya perdió terreno en comparación con otras monedas durante enero de 2017 en cerca de un 4%, lo que es una proporción importante. Eso, luego de que el dólar subió 5,6% entre el día de las elecciones en las que Trump salió triunfador y finales de diciembre de 2016.

El dólar subió de valor tras la elección de Donald Trump en noviembre de 2016, pero ha caído en enero de 2017. (Bloomberg)

Predecir cuál será el valor del dólar en el largo plazo es complicado, y hay analistas que ven la moneda con fuerza sustancial en el futuro. Y si bien el Departamento del Tesoro puede tomar acciones que afecten el valor de la moneda, en caso de que la administración de Trump así lo decidiera, el gobierno no es el único factor. La Reserva Federal, con su capacidad de acción en relación a las tasas de interés y la inflación, también tiene grandes impactos en el valor del dólar y el Congreso, con sus facultades en materia fiscal, tiene también un papel. Y, finalmente, está el mercado mismo, que con su dinámica define, para bien o para mal, el valor relativo de una moneda con otra.
Por ello, es muy improbable que el valor del dólar pueda ser ajustado por decreto.
Devaluaciones unilaterales, como las que se han visto históricamente en Latinoamérica, implican que los mercados cambiarios son fijos y controlados por el gobierno y aunque producen ajustes macroeconómicos que pueden corregir desbalances o suscitar otros, también golpean severamente a la población de los países que las sufren. Un contexto diferente al que prevalece en Estados Unidos.

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