jueves, 10 de noviembre de 2016

¿Por qué las encuestas estaban tan equivocadas? Si Hillary Clinton era la favorita

(AP Photo/Vincent Yu) El triunfo de Donald Trump, contra todo pronóstico, ha provocado un terremoto en la industria de encuestas políticas en Estados Unidos.   Esta es la explicación La población de Estados Unidos, y de
muchos otros países, se levantó la mañana del 8 de noviembre con la noción de que Hillary Clinton era la favorita para ganar la presidencia, con ventaja en los promedios de
encuestas y amplias probabilidades de triunfo, de 70% o más, en los pronósticos electorales.
Pero millones se despertaron el 9 de noviembre (o quizá permanecieron en vela toda la madrugada) con la noticia de que Donald Trump será el nuevo presidente estadounidense.
La victoria electoral del magnate ha sido un terremoto político y ha sacudido, literalmente, a millones. Y entre las muchas interrogantes que deja la elección, una singular es la de por qué las encuestas, al parecer, erraron tan sonadamente en sus previsiones sobre la intención de voto en comparación con el voto real. Contra lo que señalaban los pronósticos y sondeos, Donald Trump ganó la Presidencia de EEUU. (Reuters)
Parte de la respuesta tiene que ver con la forma como la gente percibe las encuestas y sus datos, y parte se explica por los datos y las metodologías usadas en sí.
Por ejemplo, Politico critica que hacia el final de la contienda no hubo suficientes encuestas confiables en varios estados clave y que muchos analistas restaron valor a encuestas conducidas de modo automatizado (que en general tendían a favorecer a Trump) y dieron más peso a encuestas directas persona a persona.
Otros señalan que, en realidad, las encuestas en 2016 erraron el resultado de la elección presidencial en una proporción similar a lo sucedido en 2012, como se comenta en The Washington Post, pero el detalle es que fue en dirección contraria. En 2012 las encuestas mostraban una cerrada contienda entre Barack Obama y Mitt Romney, y al final Obama ganó por varios puntos. En 2016, los sondeos daban una ligera ventaja a Clinton, que se revirtió en un apretado triunfo de Trump (la balanza la inclinaron estados como Wisconsin y Pennsylvania, pues Clinton ganó el voto popular a escala nacional, como Al Gore en 2000, perdió la elección en el Colegio Electoral, que es donde todo se decide).
La percepción, así, ahondaría la sorpresa por el error de los sondeos en 2016, aunque en realidad la diferencia cuantitativamente (no en su sentido político) no sería mucho más grande que en otros casos.




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El pronóstico final de FiveThirtyEight sobre la elección presidencial de EEUU. (FiveThirtyEight.com) 
En ese sentido, como se explicó reiteradamente en FiveThirtyEight, uno de los sitios de análisis y ponderación de encuestas más famosos, sus pronósticos no indicaban lo que iba a suceder, sino la probabilidad de que un resultado sucediera en función de los datos disponibles. Que Trump tuviera menor probabilidad de victoria no indicaba que su triunfo era imposible ni el de Clinton irremediable, si bien muchas veces se tiende a buscar certidumbres y “verdades” donde solo hay probabilidad y escenarios.  Lo llamativo en este caso fue que el margen de error, a la postre, se habría enfilado hacia la dirección menos esperada, es decir a favor de Trump.
Claro está, no puede todo reducirse a que fue un vaivén en el margen de error lo que explica que la victoria de Trump rompiera todo el esquema de los sondeos. El yerro no fue solo de las encuestas previas, sino incluso de las encuestas de salida, en las que los votantes responden por quien votaron. Muchas de ellas fallaron también. En Pennsylvania, por ejemplo, encuestas de salida daban a Clinton el triunfo por varios puntos, pero al final ese estado fue una de las victorias decisivas de Trump, por un pelo pero victoria al fin.

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