martes, 11 de agosto de 2015

“En los 42”, de Trujillo, y la “Banda Colorá”, del Partido Reformista de Balaguer en los años 70 Primeras bandas y pandillas que surgieron con fines políticos


LA BANDA COLORA

El Frente Democrático Anticomunista y Antiterrorista Mejor conocido como La Banda Colorá, fue Grupo parapolicial , que operó en Santo Domingo con fama nacional e internacional en los años de la década de 1970.
Quizás muchos dominicanos hayan olvidado que las denominadas que las denominadas bandas de delincuentes que azotaron nuestro país al principio de la década de los 70 tuvieron su origen en el seno de la Policía Nacional.

La más temible de esas bandas "La Colorá", fue creada,
según las denuncias de ese entonces, por el mayor general, Enrique Pérez y Pérez, cuando era jefe de la Policía Nacional.
Estas bandas tuvieron su apogeo durante los fatídicos 12 años de Joaquín Balaguer cuando las personas que no comulgaban con el Partido Reformista eran perseguidas, apresadas y acusadas injustamente de "comunistas" y "quema gomas").

La "banda colorá", la más famosa de todas, se caracterizó por cometer horrendos asesinatos, propinar palizas y golpizas a humildes obreros, comerciantes, amas de casa, carboneros, dulceros, heladeros, campesinos, limpiabotas, profesionales de diferentes áreas del saber, incluso contra algunos policías y guardias que tenían familias vinculadas al Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y organizaciones de izquierda.

Se recuerda que en esa época, todo detenido por capricho de la policía, tan pronto llegaba a las casas de Guardia del cuartel de sus respectivos pueblos, escuchaba de parte de un simple raso o un suboficial de la uniformada "tranquen a ese comunista, quema gomas", contra quienes se instrumentaba falsos expedientes y se le enviaba a la justicia, donde jueces políticos les aplicaban severas condenas.

Como una violencia injusta genera otra justa, jóvenes revolucionarios de algunos sectores capitalinos conformaron contra bandas con el objetivo de enfrentar a los criminales de la "banda colorá", llegando a matar algunos de los antisociales. Si mal no recuerdo, entre estos bandoleros de aquella banda cayó el tétrico bandido "El Ombligú."

La tenebrosa "Banda Colorá", no conforme con los desmanes cometidos en la capital, trasladó sus antisociales a varios pueblos del país, incluyendo Barahona y San Cristóbal. En esta última localidad esa asociación criminal, cometió abusos contra muchas personas serias, honestas y trabajadores
Fue creada, para romper huelgas, También hacía sus aportes al entrenar el personal de los "servicios de seguridad" que se encargaría luego de perseguir, reprimir, torturar y desaparecer jóvenes revolucionarios.


Entre los dirigentes iniciales del grupo se encontraron Eddy de la Cruz Candelario, Ignacio Loyola Arias Peña (Carabina) , Constantino Felix, Julio Cesar Hernandez (Peñon) que proclamaron , en visitas a periódicos y emisoras , su disposición de realizar batidas contra los comunistas.



El Ultimo secretario general de La Banda , Ramón Antonio Perez Martinez  (Macoris) era un antiguo militante del Movimiento Revolucionario 14 de junio que se desempeño luego como dirigente del grupo político Unión de Lucha por una Nueva Quisqueya, aliado del Partido Comunista de la República Dominicana (Pacoredo).


El Teniente Policial Oscar Nuñez Peña fue acusado , por políticos , periodistas y otras personalidades del país, de ser el dirigente máximo de la Banda . Nuñez Peña fue visto en compañía de los bandoleros mientras realizaban  arrestos  y otras operaciones .

Los miembros de La Banda , ataviados con indumentarias  de vistosos colores y grandes sombreros , señalaban  a las fuerzas policiales personas que consideraban sospechosos.


 En ciudades del interior del país fueron creadas  filiales de la organización , al igual que en la Penitenciaria Nacional de la Victoria se practico la Operación Chapeo.

La Mayoria de ellos eran miembros de los Partidos de Izquierda siendo reclutados como delatores.


Una tarde de 1971, cuando despuntaba el verano, un vecino del ensanche La Fe, sector de la capital en el que nací y crecí, se apareció en mi casa sin aliento, para informarle a mis padres que un grupo de forajidos había "detenido" a Narciso, mi hermano mayor, con el objetivo de darle una pela con una cadena, lo que puso nerviosos a todos en la familia, incluso a quienes éramos muchachos.

La noticia, lanzada como una granada fragmentaria en la galería del hogar paterno, daba cuenta de que el grupo de La Banda "Colorá" (término dado por el color del entonces partido de gobierno) lo encabezaba un reconocido delincuente de Cristo Rey, sólo conocido con el apodo de "El Sombrerú", por su hábito de llevar la cabeza cubierta con un sombrero tan grande como sus atropellos.

Lo de colocar el apellido de "Colorá" a un grupo para-policial, no partidista, fue un acierto de los propagandistas de izquierda con el fin de ponerle nombre y apellido al terror en las calles. Fue tan acertada la etiqueta puesta por la oposición que la historia registra a esa pandilla con su mote político.

Aunque mi hermano Narciso se escapó de una tanda de golpes que pudo provocarle la muerte como a otros cientos de jóvenes, gracias a la intervención de nuestro padre, Vitico (un joven vecino) no escapó de los desmanes que todas las noches llevaba a cabo La Banda "Colorá", una fuerza de choque para-policial, formada por el entonces mayor general Enrique Pérez y Pérez, jefe de la Policía Nacional, cumpliendo instrucciones del presidente Joaquín Balaguer.

Tres días después de que Narciso fue absuelto por las imploraciones de nuestro padre, Vitico, un muchacho del barrio cuya única "infracción", en el arrogante mundo de los forajidos pagados por la política de turno fue ser joven, por lo que le dejaron irreconocible: Los ojos hinchados, los pómulos alterados, marcas de los eslabones de la cadena en el cuerpo, y vomitando sangre. Como Vitico, cientos de jóvenes fueron abusados en sus derechos, sin razón alguna en la mayoría de los casos.

La golpiza propinada a Vitico por miembros de La Banda "Colorá" fue una entre muchas, pues hubo muchos jóvenes dominicanos que no vivieron para contar su experiencia, pues fueron condenados a la muerte por ese grupo de vándalos. Con ese "ejemplo" que dio ese grupo para-policial, sirvió para que en el ensanche La Fe nos enteramos de la llegada al sector del tenebroso brazo armado, formado en abril de 1971 con el nombre de Frente Joven Democrático Anticomunista y Antiterrorista.

Aunque se puedan alegar motivos políticos sobrados para contrarrestar las acciones de inestabilidad operadas por grupos de extremistas de izquierda, los golpes contra Vitico tuvieron un origen personal, como muchas otras acciones planificadas y ejecutadas por elementos de ese grupo, con el apoyo de la Policía. Se supo después que al tal "Sombrerú", Vitico no le caía gracioso.

Los desmanes y abusos de La Banda fueron ordenados desde el poder político, "como parte del esfuerzo más reciente (del gobierno) por intensificar la campaña contra el terror y la violencia provocados por la izquierda". El entrecomillado es la opinión que la Embajada envía a Washington, según consta en el libro "Balaguer y los militares dominicanos", de Brian J. Bosch, ex agregado militar norteamericano, que aborda el tema de la Banda "Colorá" en el capítulo IX.

Como bien narra el ex militar estadounidense, el grupo para policial inició sus operaciones en Santo Domingo, pero su brazo de terror y muerte se extendió a todo el territorio nacional, llenando de luto y dolor a muchas familias dominicanas.

Para saber la magnitud de los atropellos y abusos cometidos por esas gangas de matones, podemos citar las afirmaciones del propio Brian J. Bosch: " ...Su primer objetivo era aterrorizar a aquellos sospechosos de ser izquierdistas dentro de las escuelas públicas y la universidad estatal. Durante sus incursiones, las aulas eran arrasadas, los maestros intimidados y los estudiantes apaleados".

Lo que surgió con un fin político para enfrentar las muertes de policías o ciudadanos considerados afectos al régimen, como establecieron entonces sus mentores, devino en lo que Brian J. Bosch plantea en su libro: "Después del primer mes de mutilaciones ocasionadas por la Banda, era obvio que el alcance de las operaciones antiterroristas había ido más allá de los planes originales".

Esa realidad la demuestran dos hechos citados por el ex militar norteamericano. El primero, fueron las acciones contra locales de una asociación de estudiantes universitarios de La Vega y de un sindicato en la capital; el segundo hecho horrendo fue posteriormente la muerte de los cinco jóvenes del Club Héctor J. Díaz.

Contra los desmanes de La Banda no sólo se expresaron los obispos y toda la sociedad, sino la propia Embajada de Estados Unidos en el país, según hace constar el ex agregado militar Brian J. Bosch en su libro. 

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